Es una de las actrices más pluriempleadas de la televisión. Fue Sandra de la Vega, en Yo soy Bea, de Tele 5, la vimos en la misma cadena en Camera café como Victoria, y muy pronto regresará con Física o química a Antena 3, interpretando a Olimpia, la directora del instituto Zurbarán.
Ana Milán, que cumplirá 36 años el 3 de noviembre, mantuvo una larga relación con el también actor Paco Morales, de la que nació su hijo Marco, de siete años. Después llegó a tener fijada la fecha de boda, para el mes de septiembre del año pasado, con el ex jugador de balonceso Juan Antonio Corbalán, pero finalmente rompieron. Aunque se les volvió a ver juntos en enero, ya no son pareja.


Pequeñas ambiciones

Olimpia es una mujer con un carácter fuerte y muy ambiciosa, ¿cómo eres tú?

Me defino como una mujer alegre, feliz y estable. Tengo mis ambiciones, como todo el mundo, pero lo único que quiero es vivir de mi trabajo, tranquila, tener cerca a mi familia, a mis amigos... Si la gente llama ambición a estar casada con Donald Trump, entonces no soy nada ambiciosa, y si llaman ambición ir a Hollywood, creo que tampoco.

Estás centrada en televisión, ¿quieres probar otros medios?
Me apetece hacer cine y teatro siempre que lo que me propongan me atraiga. Tengo la suerte de haber pasado en los últimos años por productos que me gustan mucho. En el cine, el día que me llegó el guión de El final del camino, una película de Roberto Santiago que estreno en abril, me encantó nada más leerlo y no me pensé dos veces el hacerlo. Sin embargo, me han llegado otros que he rechazado.

¿Cómo ha sido tu debut cinematográfico?

Fantástico. Tener a Roberto Santiago en la dirección ha sido todo un lujo, pero trabajar con Malena Alterio y Fernando Tejero no tiene nombre. Me lo pasé muy bien y he decidido repetir otra peli, que dirige Maxi Valero, en la que comparto papel protagonista con Darío Grandinetti.

¿En qué medio te sientes más cómoda?
En todos. El teatro tiene mucho que ver con la vida, porque lo que sucede, sucede en esa función, en ese momento y con ese público y la función del día siguiente va a ser completamente distinta. Eso es magia pura. La televisión tiene la inmediatez, el cariño del público, y el cine tiene esta cosas de hacer algo que son «palabras mayores», es el rey de nuestra profesión.

Ana, ¿a qué te dedicas en tu tiempo libre?
Me encanta sentarme con mis amigas a hablar de hombres, jugar con mi hijo, darme un ma-saje porque me duele la espalda, salir a cenar con mis amigos, ver comedias románticas... Me dedico a lo mismo que cualquier persona, porque soy muy normal.

¿Qué te dice tu hijo cuando te ve por la tele?
Pues no me ve, porque yo soy una madre con espíritu alemán y a las ocho y media de la tarde él ya está en la cama, el pobre. Aunque de vez en cuando ve algún vídeo en Youtube y la verdad es que le hace mucha gracía y se ríe.

¿Tu familia está contenta con tu éxito?
Mi familia es la menos mitómana del planeta. Nada, ellos no hacen ningún comentario, pasan de mí muchísimo.

¿Notas el cariño del público?
Mucho y me encanta. Lo noto en las cartas que recibo, las leo todas y me emocionan muchísimo y también en la calle cuando me sonríen. Hay gente discreta, que no dice nada y otros que te piden un autógrafo, te dan un abrazo... Hay personas que me han llegado a decir «estaba atravesando un mal momento y me hiciste olvidarlo un poco». Eso me parece un privilegio.

En Física o química, tu personaje está dividido entre dos hombres y se deja guiar más por la pasión que por la razón, ¿qué te puede más a ti?
Yo la cabeza la uso para aprenderme los guiones. En el amor soy muy pasional, porque si no, apaga y vámonos. En esta vida, en el terreno emotivo, del amor y de la pasión, o te mueves por lo que te dictan tus impulsos o no vale para nada. El corazón te lo roban, no puedes ir dándolo tú. No puedes decir «me voy a enamorar de Fulanito porque es un tío estupendo». De repente te enamoras y ahí es donde entra la magia.

¿Te has arrepentido alguna vez de haberte guiado por tus impulsos?
Sí, alguna vez

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